Ahora que soy más mayor me doy cuenta de que el verano, con ser bueno, no es ni mucho menos lo mejor que me puede pasar en la vida y estoy más que al corriente de que las cosas malas, terribles, pueden pasar también en verano, que el solsticio de mis devaneos juveniles no es un amuleto contra las contrariedades de la vida. Sí, lo sé, lo he aprendido, pero me sigue emocionando la llegada del verano, es algo así como lo de 'las penas con pan son menos', es como si esa estación tuviera por lo menos el pequeño o gran poder de suavizar la tristeza, volverla más amable, más llevadera. Por eso quiero terminar esta primera entrada con unos versos de Eloy Sánchez Rosillo, un poeta actual al que admiro y persigo por las librerías y con el que comparto el
gusto por los días del estío.
"Si cuando ya no esté
alguien por mí se interesara,
decidle cuánto amaba los veranos".....
......"así que ya sabéis;
si alguien por mi pregunta
cuando yo para siempre me haya ido,
recordadle que fui
amigo del verano
y que por él -y por
algunas otras cosas
que al verano equivalen-
era hermoso estar vivo
y era la vida misericordiosa"
Nada más por hoy, espero no haberos cansado y espero que alguien conteste a mis comentarios.....
¡Qué bonito!Es cierto, ojalá los veranos fueran más largos y ojalá este blog de "veranoscortos" dure como un largo invierno :)
ResponderEliminarQué bonito es tu blog, Brontë!! Y describes de maravilla esa sensación que se tienen con los veranos...espacios de tiempo contra la adversidad...para mí eran como un bálsamo...podría atravesar el invierno, sabiendo que llegaría el verano.
ResponderEliminarBueno, hoy en cambio...me gustan todas las estaciones muchísimo...cada una tiene algo que regalarme...y todas ellas son bálsamos...contra las contrariedades de la vida.
Un abrazo y espero y deseo que sigas escribiendo!!!