lunes, 12 de diciembre de 2011
Un día como hoy
Le compré un pequeño reloj de pulsera sin demasiado valor y lo agradeció como si fuera de oro puro, como lo agradecía todo, con la sonrisa de sus ojos claros y sus gestos suaves. Era un mes de noviembre hoy ya lejano; ella estaba torpe y a mi me incomodaba su torpeza: yo tenía prisa, la urgencia por hacer cosas que ahora me parecen tonterías si las comparo con un pequeño paseo a su lado, una conversación, un ratito a su lado en silencio. Las personas nos parecen eternas, pero no lo son; un día el pequeño reloj se paró, había dado ya muchas vueltas a su minutero y estaba exhausto, como ella. A veces miro mi reloj con una mezcla de temor y esperanza, luego oteo el cielo buscándola.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario