A lo lejos se escuchan los tambores que ensayan para la Semana Santa. Los días alargan y ya, a finales de marzo, se intuye la luz de la primavera; el aire huele distinto, la noche es más cristalina. El telediario cuenta paso a paso nuestra marcha hacia algún apocalíptico final. Todo va mal en el mundo. La bondad de alguna buena gente se eclipsa bajo la locura, la ambición, y la maldad de mucha mala gente.
Mañana es día de huelga general; una huelga legítima contra una reforma laboral injusta, arbitraria y partidaria.
Aún así, espero que los pájaros de la cañada no dejen de cantar, que los prunos que han hecho estallar la primavera en las calles de mi barrio y lo han convertido en un 'Jerte' segoviano no dejen de florecer, espero que ellos no se sumen al paro.
Espero que las mujeres puedan seguir decidiendo aquello qué las hace mujeres por ellas mismas, sin que ningún ministro las aleccione ni les indique 'paternalmente' cual es el camino que las engrandece y las hace más y mejores féminas. Hacía donde vamos? hacia dónde nos lleva esta recta de involución, esta marcha atrás sin sentido? Menos mal que es primavera.
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